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Año: 2007 -Enrique Esquivias de la Cruz

Año: 2006 -Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp

Año: 2005 -Antonio Murciano González

Año: 2004 - Rafael de Gabriel García

  Año: 2003 -Francisco José Vázquez Perea

  Año: 2002 -Francisco J. Ruiz Torrent

  Año: 2001 -Carlos Herrera Crusset

  Año: 2000 -Joaquín Caro Romero

  Año: 1999 -Eduardo del Rey Tirado

  Año: 1998 -Juan Carlos Heras Sánchez

  Año: 1997 -Ignacio Montaño Jiménez

 

2007. Enrique Esquivias de la Cruz . Sevilla 25 de Marzo

Y la vences en el Patrocinio

No te mueras Cachorro, que quiero soñar contigo las tardes que caen por el poniente del Aljarafe.

No te mueras Cachorro, que Tú eres el mástil al que se abraza nuestra Fe, en este Mundo sin creencias.

No te mueras Cachorro, que Tú eres el faro que nos sirve de guía, en este Mundo perdido y sin rumbo.

Sigue respirando Cachorro, que tu aliento es la brisa que llega de Bonanza con la marea, para refrescar nuestra desesperanza.

No te mueras Cachorro, que tu Sudario se mueve con los suspiros de los que te imploran.

No te mueras Cachorro, porque si Tú te mueres, todos moriremos contigo.

No te mueras Cachorro, que Tú eres el principio y el fin, el todo y la nada, la pregunta y la respuesta, la razón y el misterio.

No te mueras nunca Cachorro, porque te necesita el Mundo, te reza Sevilla y te quiere Triana
.

2006. Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp . Sevilla 2 de Abril

En un balcón privilegiado de Sevilla, me encontré una mañana con mi vida predispuesta por él para el Señor, y en su ventana de la ciudad eterna le descubrí en el anochecer de su vida como un Cachorro expirante con cara entrecortada, que sin voz hablaba.

 

...

 Brazos, los del Cachorro, que tocan el cielo en un “muero porque no muero”, guardando su último aliento desde hace tres siglos para ir a Sevilla cada Viernes Santo, dejando a Triana en la espera con ansia de su vuelta, para que el viento que recorre el puente, de nuevo le agite el sudario. 

¡Ay que pena más gitana 
cuando se aleja del puente 
el Cachorro de Triana! 
Cuando se va por el puente 
sobre las béticas aguas 
y deja atrás a su barrio 
de azulejo, arcilla y fragua. 
Cuando se mece el sudario 
cuando hay claveles que manan 
por su divino costado 
de Guadalquivires granas. 
Cuando cruza al otro lado 
y en las calles sevillanas 
le va faltando el aliento 
y su muerte se hace humana. 
Cuando va dando un suspiro 
y la luna le acompaña 
en una eterna agonía 
que va desgarrando el alma. 
Cuando cambia su semblante 
y se nubla su mirada 
y ya no hay aire en su pecho 
y ya no hay luz en su cara. 
Cuando la Virgen del Carmen 
en su capilla encerrada 
se queda sola llorando 
igual que llora Sant´ana. 
¡Ay que pena más gitana 
cuando se aleja del puente 
el Cachorro de Triana!

 

...

 Coronar del oro que en el fundidor se forja, las sienes de Patrocinio, Medianera universal de la Gracia y Señorita Inmaculada, que lleva a sus pies en marfil y plata, esa Blanca Paloma del Rocío que es orgullo y gloria de su barrio de Triana.

2005. Antonio Murciano González .Sevilla 13 de Marzo.

(El Cachorro y la Virgen del Patrocinio)

El Señor está expirando 
y Sevilla es la oración 
que el poeta va rezando. 
  
Rezo por Juan de Mesa y Montañés 
por Roldán, Pedro Castro y por Cabrera, 
Vasallo, Ocampo y Llanes, por Castillo 
por Ruiz Gijón, aquel buril de Utrera. 
  
Permíteme, Cachorro, Cristo, ahora, 
dar gracias por mi Utrera, tu escultora. 
  
F ebril, vehemente, inquieto, así sería 
R ico de sí, si pobre entre la gente 
A sí fue el hombre, sí, artesanamente 
N iño en su barrio de Santa María. 
C omo un nuevo Jesús, carpinteando, 
I maginando lumbre imaginera 
S oñando su buril en la madera 
C achorros de Triana, así, soñando. 
O brero, ya maestro, ya en Sevilla 
R ubio aprendiz de aquél Andrés Cansino, 
Un escultor de Cristo, en el camino 
I nmortal de la Santa Maravilla. 
Z arzas o gubias hondas las heridas 
G loria al Jesús de los olivareros 
I a aquellos cireneos costaleros 
J unto a su Cristo de las Tres Caídas. 
O tro no hubiera en talla y corazón. 
N ació en Utrera y era Ruiz Gijón. 
  
¿Dónde está Manuel Mairena? 
que quiero que sea su voz 
la que cante mis saetas:

Lo he visto y la voz la corro 
¡qué pena y qué maravilla! 
que hay un divino Cachorro 
que entre Triana y Sevilla 
se nos va muriendo a chorros 

Lirio abierto a la agonía 
sobre tu calvario en flor. 
Perdona mi vida impía, 
Cristo de la Expiración, 
Cachorro del alma mía. 
  

Y dando un grito expiró: 
–“Toma mi espíritu Padre” 
y se le heló el sudor frío. 
Cristo va a morir. ¡Socorro! 
¡Cachorro mío, Cachorro, 
Cachorro, Cachorro mío! 
  

¿Y tu madre como está? 
¿Dónde está esa flor galana 
divina de tan humana? 
Azucena soberana. 
Trianera por Sevilla. 
Flor de la calle Castilla, 
Patrocinio de Triana, 
tras llorar tu destrucción 
te recreó, madre, el arte 
de Luis Álvarez Duarte, 
¡qué bien que te recreó! 
Quédate en mi corazón, 
–Virgen de mi devoción–, 
alba-luz de mi mañana. 
¡¡Bendíceme este pregón!!

 

2004. Rafael de Gabriel García. Sevilla 28 de Marzo.

La tarde del Viernes Santo iremos a buscar al Cachorro. El ayer se nos hará un nudo en la garganta, recordando aquellas señoras mayores sentadas al sol del invierno por las tardes a la puerta de sus casas en la calle Patrocinio, que entonces tenía vida tan distinta a la de hoy, y que vivía para Aquella a quien amorosamente llamábamos "La Señorita" como si fuera un ramo de claveles rosas que estuviera permanentemente a Sus Plantas. Esas señoras mayores con tanta Fe profunda, que hablaban del Cachorro como si fuera su Hijo. En el pensamiento la vivencia de esas Salidas de la cofradía en la niñez, toda la familia junta, que nunca olvidan los que por allí vivieron, que siempre vuelven a Él en Viernes Santo. Buscaremos al Santísimo Cristo de la Expiración...

 

 Cachorro de mi sentir 
que se extasía al contemplarte 
por las calles de Triana 
Dueño inmenso de los aires 
desgarrados por Tus brazos 
que desde la Cruz nos abres. 
Cachorro del corazón 
y Cachorro de mi sangre 
y Cachorro de mi gente 
y Cachorro de la tarde 
y Cachorro de mi vida 
-de los claveles granates- 
y Cachorro de mis penas 
y mis lágrimas que arden 
y Cachorro de mi alma 
y Cachorro de mis males 
para quitármelos todos 
y desde la Cruz sanarme. 
Cachorro que da la vida 
Cachorro para admirarse 
de que aún te queden fuerzas 
hasta para perdonarme, 
Cachorro para Morir 
sin de ninguno olvidarse… Cachorro de las dolencias 
de muchos que se debaten 
entre la vida y la muerte, 
Cristo para encomendarse… Cachorro del viejecito 
que vino a verte esta tarde 
salir desde Tu Capilla 
con recuerdos imborrables 
de cuando fue costalero 
y te llevaba arrogante… Cachorro de la niñez 
que resucita al mirarte… de la nostalgia escondida, 
Cachorro de los tejares, 
del río Guadalquivir, 
Cachorro de los corrales 
Cachorro de las dos Cavas 
Cachorro para cantarte 
soleás y martinetes 
con la voz del cante grande 
y saetas bien templadas 
para desgarrar la tarde 
y hasta el brillo de la Luna 
de la noche delirante… 
Cachorro del Viernes Santo 
¡Tú en la Cruz Resucitaste! 
Cachorro, Tú Eres la Fe 
que a todos lleva adelante 
por las sendas de la vida 
y por eso Tus Andares 
van llenos de valentía 
bajo estrellas fulgurantes 
porque Tú Eres la Agonía 
de la que la vida nace. 
Cachorro que está en el Puente, 
en Triana, en todas partes 
¿qué tienes?, que cuando pasas 
se nos hiela hasta la sangre 
y hasta se vuelve silencio 
nuestra mirada anhelante. 
Cachorro para pedirte 
y con fervor suplicarte. 
Cachorro de los chiquillos 
Cachorro para abrazarte 
cuando se acabe mi vida 
y con mi vida arrancarte 
los clavos que te laceran 
los pies y manos sangrantes… Cachorro para volar 
hasta el Cielo, hasta encontrarte 
–ya sin llevar alpargatas; que no hacen falta en el aire- 
y que entonces me igualaran 
los antiguos capataces 
con los costaleros viejos 
que hasta Tu lado Llamaste 
–que para andar por la Gloria de Triana te llevaste- 
y allí ponerme el costal 
y por el Cielo llevarte.

 

2003. Francisco José Vázquez Perea. Sevilla 6 de Abril.

Apurad tanto Dios que encierran nuestras imágenes. Obra de imagineros pero, en igual medida, o más, de aquellos de cuya mano nos fueron mostradas. Por eso mi Cristo trianero de la Expiración, más que de Francisco Antonio Gijón, siempre me pareció salido del alma de quienes me dieron la vida y como parte fundamental de ella, me unieron El y a su más alta enseñanza, que es la de mostrarse como retrato del Dios verdad.

Su cabeza, la proa de su barba, el hacha afilada de su nariz, recogen todo el cielo en la súplica de su cara. Como el Yavé de las escrituras, cuenta el número de las estrellas y las llama a cada una por su nombre. Eso hace el Cachorro, fundiendo en sus ojos la certeza de que esta es la hora de la eternidad.

Su pecho es algo más que pulmón ansioso de aire. Se le hincha entre las costillas el corazón hasta no caberle, ensanchando el tórax, acogiendo sus suspiros y los nuestros. Es la hora del amor.

Sus brazos hacen saltar los garfios que lo cosen a la cruz ante nuestro deseo de abrazarle. Es la hora de la amistad.

Su cintura atrae el viento que dibuja su inconfundible silueta con el sudario abierto a la derecha, paño y cordel drapeando en sus muslos como lo hace el levante en las azoteas de Cádiz. Es la hora de la tragedia.

Y sus pies. Que sostienen el cuerpo gravitando en los clavos para no derrumbarse, igual que una bandera izada hasta el tope del mástil, pabellón de un ideal que defender. Es la hora de la Iglesia.
Cachorro inmortal. Mi Cachorro. Lástima que el gran poeta no alcanzara a comprenderlo.

 

Siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar,
no se morirá jamás
nuestro Cachorro expirando.

Porque sabe a eternidad
su corazón solitario.

Porque se enreda al sudario
la muerte que viene y va.

Porque su pecho es milagro,
coraza de batallar.

Porque no tiene final
tanto amor apasionado.

Porque Dios hizo el Calvario
para esperar algo más.

Qué corto es el Viernes Santo,
qué largo es agonizar,
qué lejos se echa a volar
junto a cada sevillano:
cada alma un candelabro,
cada mirada un cirial.

El luto pierde la edad
y cubre el negro de blanco,
y a la gente de su barrio,
la capa le va nevando
la noche de su antifaz

Porque Dios se hace regazo
más que triste funeral,
se hace madre, se hace abrazo,
se hace luz sacramental,
se hace voz del que no está,
retrato de Dios verdad
con perfil de ser humano.

¡Ay Cristo crucificado!
por no morirte jamás
-aunque te sangren las manos-
consigues que en ti veamos,
Cachorro siempre inmortal,
no al del madero enclavado
sino al que anduvo en la mar.


Hay que terminar, Gonzalo. Estos encuentros que te he presentado y en los que creo que consiste nuestra Semana Santa son como mandamientos que pudieran reducirse a uno solo.

Deja que el corazón te guíe. Dejad, sevillanos, que el corazón os lleve.

Como ahora me lleva a mí a la calle Castilla, a esas manos de rosa de la Virgen del Patrocinio que resurgieron de la ceniza para que no se perdieran mis piropos de niño, engarzados a la mantilla de oro de su palio, que este año veremos recuperada.

2002. Francisco J. Ruiz Torrent. Sevilla 17 de Marzo.

Apenas si cruzamos la Puerta de los Palos, la cofradía adquiere de nuevo su peculiar ambiente al encontrarse con la sinfonía del ruido, el eco de la multitud, los olores y el color negro y plata de la noche. Como un lejano rumor musical, llega a nosotros el momento en el que nuestra Virgen entra en la Catedral. Nunca podemos verla en la calle, y así, como siempre, tenemos que imaginárnosla: esplendorosa, con toda la candelería reflejada en sus ojos a punto de romper el llanto. A Ella dirigimos a manera de letanía nuestros más encendidos piropos llamándola: Santa María, Brisa del Gualdalquivir, Causa de la eterna alegría sevillana, Repique de Giralda, Clavel rosa de Triana, Mata de romero, Flor de la albahaca, Moña de jazmín... ¡Madre y Señora del Patrocinio, ruega por nosotros! 

...

Y llega para este Pregonero y cofrade sevillano el momento más difícil de su intervención. El de presentarme ante Él y ante Ella, y a sus plantas tratar de sintetizar en pocas palabras este Pregón.

Como cualquier otro sevillano de fe, puesto que sin ella, al menos para mí, no tendría sentido alguno nuestra Semana Santa, tan sólo he pretendido anunciar a la ciudad, a través de la historia o las vivencias de un simple cofrade, el por qué y para qué de esta conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. De esta celebración que el pueblo de Sevilla, dotado de una finísima sensibilidad y una alegría innata, convierte en fiesta, al conocer de antemano el final de la historia, de una historia que sabe que acaba bien, con el triunfo de la vida sobre la muerte. Del triunfo de la Esperanza de Sevilla a la que nos hemos venido refiriendo desde el sueño de un niño, a la madurez de un hombre que basa su vida en la contemplación de la eterna agonía del Cristo de su devoción. De un Cristo que va anunciando al mundo su Muerte y proclamando a un tiempo su inminente Resurrección.

Y ante Ella y ante Él quiero llegar, allá en los confines de la calle Castilla, donde Triana se pierde en el infinito del campo y donde a veces se nos antoja soñar con el eco del martillo sobre el yunque o el quejío lastimero de un martinete.

Siempre me he dirigido a Él a través de Ella, y así quisiera hacerlo hoy. A Ella, que fue joven conmigo, que compartimos amores y confidencias y en lo mejor de su vida voló de entre nosotros, dejándonos tan sólo el vacío de su ausencia, el recuerdo de su cara y un clavel rosa tronchado y renegrido.

Señorita de ayer, Madre y Señora de hoy, que resurgiste como Ave Fénix de entre las cenizas convertida ya en mujer madura, más cercana a nuestro tiempo para mejor entendernos y poder hablar así de nuestras cosas.

Hoy ya sé que has bajado hasta el suelo de Triana para estar aún más cerca de Él y recibir el beso de tu gente. Hasta allí me acercaré al atardecer, antes de que el sol se oculte y deje en penumbra el horizonte, para darte un beso y contarte las emociones de esta mañana de Pasión.

Hasta allí me acercaré, y a tus pies, cual si de una carta de amor se tratara, dejaré este Pregón para que seas Tú quien lo entregues a tu Hijo, y bajo tu Patrocinio pidas disculpas por mi torpeza, si no he conseguido expresar con palabras lo que Él me ha venido dictando durante toda una vida. Cierro los ojos y te veo, con tu cabeza inclinada y esos ojos a punto de llorar, entre la flor y el incienso, entre rezos y piropos... Parece que no pasaron los años por ti... ¡Qué guapa estás, Señorita!

Y por fin llego hasta ti, Señor. Después de tantos años ya no encuentro palabras nuevas, ni obras distintas que pudieran servirte de consuelo. ¡Te dije ya tantas cosas...!


Paso a paso. Desde el pequeño cirio junto a la cruz de guía a la vara de un joven diputado. Desde el cirio negro de tu escolta a una presidencia, he venido poco a poco acercándome a ti.
Pero se llega a un momento de la vida en el que las fuerzas te flaquean y necesitas agarrarte a algo. Tener un punto de apoyo donde descansar. Y Tú, mi buen Maestro de Triana, después de dictarme cada año los distintos temas que van más allá de la vida y de la muerte, vienes ofreciéndome en esta hora del atardecer de nuestros días, el báculo de tu manigueta para hacer más suave tu lección y así poder escucharla atentamente. Ya sé, Señor, que no se puede ir más cerca de ti. El próximo paso será el definitivo para estar contigo, fundido en ti. No obstante, a pesar de tantas lecciones recibidas, me temo que no fui discípulo aventajado y continúo caminando de espaldas a ti. Oyendo, sí, tu palabra, sintiendo incluso el jadear de tu respiración angustiosa que como frío helado de muerte recorre mi espalda. Aun así, Señor... cuántas y cuantas veces tus palabras se escaparon perdidas en el aire... junto a la saeta, el redoble del tambor, y el violeta de la tarde.


Qué duro y difícil resulta, Señor, poder seguirte
siempre de espaldas, y sin poder mirarte
qué escalofrío me causa estar tan cerca
y sentir tu aliento que de mí se aleja.

Qué pena más honda, Señor, y qué tristeza
no poder conservar alegremente,
esa antigua y trianera papeleta
que me permita estar contigo eternamente,
asido a mi soñada manigueta,
aunque tenga que volverme para verte.

2001. Carlos Herrera Crusset. Sevilla 1 de Abril.

Esa forma tuya de morir

Expiras. Y mueres. Y no acabas de morir. Y en el Museo vives otra tarde en la muerte curvada de tu figura y en el Patrocinio vuelves a vivir para volver a morir.


Te veo venir de lejos
Y ya estoy viendo venir tu muerte
Me voy a tu encuentro
Pausadamente

Como tantos, absortos, perplejos.
Qué solo estás Cachorro,
con tanta gente
Qué solo en tu cortejo.


A quien estás llamando con los ojos
Si solamente un viento te acompaña
Que se da mucha más saña
En aventar tus despojos
Que en calmarte la agonía
Que está dejando vacía
Tu mirada de congojo.


Te veo venir desde lejos
Y no sé si son tus ojos
Los que están mirando al cielo
O es el cielo que es tan viejo
que le ha puesto a tu reflejo
una pena y un desvelo


Y si estás muerto
¿por qué te siento?
Si no vives,
¿quién me habla?


De quién son esas palabras
Que caídas de una cruz
Me cortan como un lamento
Con ese sagrado acento
De Jesucristo andaluz?

Eres Dios o eres madera?
Eres hombre, eres cualquiera?
O eres solo primavera
Que Triana a su manera
No ha dejado que muriera?

No lo sé
¡Si yo supiera!

Sabría que hacer con mi pena
Con tu agonía,
tu quebranto
Y con el duelo
Y la condena
De morirte siempre tanto

Sabría que no te me mueres
Que nunca mueres
Cachorro
Que esta entre mis menesteres
Seguirte
hasta donde eres
Cristo, mi Fe y mi socorro

Y entre tanto yo me asomo
A tu puente
y lo recorro
De la duda al abandono
Tú te estás muriendo a plomo
Cachorro de Dios, Cachorro

 

2000. Joaquín Caro Romero. Sevilla 9 de Abril.

Y un Cachorro que llega a la Campana
y nadie frente a Él se siente ajeno,
que el cielo aquí se explica con Triana.

Desde la óptica figurada se ha conjeturado sobre si el Cachorro muere en Sevilla o en Triana. Pero nadie lo ha visto muerto. Y es que este Cristo no acabará de morirse nunca. Está tan dentro de nuestra vida que seremos nosotros los que traspasemos la última Thule antes que Él, porque el Cachorro, rezagado en una agonía interminable, seguirá interrogando a la niebla letal que se cuela por su ojo derecho, mientras con el izquierdo nos adelanta el preanuncio de la resurrección.

1999. Eduardo del Rey Tirado. Sevilla 28 de marzo.

Tomemos nosotros ahora, desde la antigua plaza del Pacífico que llaman hoy de la Magdalena, el tranvía del Patrocinio, y vayamos en busca de la Bandera de la Vida, esa que Sevilla enarbola como testimonio de un voto que quizás tuvieran sus cofradías que jurar hoy: voto en defensa de la vida, don de Dios que debe protegerse en cualquiera de las etapas, desde la concepción hasta la vejez y la muerte; desde el derecho a unas condiciones dignas de vida, hasta el derecho a la educación y la cultura. 

Nuestra Bandera es un relámpago crucificado, y su nombre, el trueno que lo acompaña cada vez que se pronuncia: Cachorro. La expiración de su cuerpo sacudido ondea sobre las azoteas de nuestras almas, y su silueta de Viernes atrianado es un piropo de la vida en su plenitud. Por eso afirmamos que Jesucristo es el mismo de ayer y de siempre. Por eso Él es nuestra Bandera. Y por eso el Dios vivo de Sevilla se queda en besapiés el día de la Pascua de su Resurrección. Porque es el mismo Dios vivo el Cachorro de Triana.

1998. Juan Carlos Heras Sánchez. Sevilla 29 de marzo.

Porque ¿quién ha dicho que Cristo murió a esa hora? En Sevilla no es así, que en el último momento de su expiración un artista lo esculpió y el aire del Patrocinio le mantiene vivo, siempre de un hilo pendiente, que sólo se romperá el día que no tenga la devoción sus hijos. Por eso entre todos lo mimamos, todos a Él acudimos para pedirle: Cachorro, Tú no te mueras, eres la cruz de guía que une los sentimientos terrenales con los divinos; eres el diálogo y la vida entre las dos partes del río. Y aunque tus brazos de cristal están a punto de romperse al dar el último suspiro, te pedimos: Cachorro, Tú no te mueras, no te desclaves del madero verde, sacado del árbol del río de la fe que riega todos sus poros desde hace veinte siglos. Aunque en los tiempos actuales haya tantos que quieran cortar ese hilo, para no tener que escuchar las palabras que incomodan a muchos, que las bienaventuranzas siguen teniendo sentido, Cachorro, Tú no te mueras.

1997. Ignacio Montaño Jiménez. Sevilla 16 de Abril.

Y en toda la emoción de este Viernes, el Cachorro, que se asfixia en el aire de Triana, tan de verdad que esa misma mirada de muerte la hemos visto en la agonía verdadera de los hombres.

¡Cuántas madres en la expresión apenada de la Madre del Patrocinio!

¿Qué le falta al Cachorro para morir? ¿Por qué esa interminable lucha final?

El Cachorro vive, no muere en

Triana; se aviva en la brisa del

Charco la Pava con la gente suya

que eleva plegarias, si con los

silencios, si con las palabras. Ya

en calle Castilla, rumorosa y larga,

no encuentra horizontes y la luz le

falta cuando duele el aire tibio de

Triana. Sevilla es la puerta

solemne y lejana. ¡Ay, qué espesa

sangre de la frente mana! ¡Qué

borroso y bruno perfil de Giralda!

Florecen los clavos en las manos

blancas mientras que se agita la

voz que se apaga. Murieron los

gritos en siete palabras y ya

quiere Cristo cerrar este drama.

Un último aliento, un sello de lanzas y Sevilla que es la negra mortaja. ¡Qué silencio en Sierpes junto a la Campana! ¡Qué reloj de angustias al cruzar la Plaza! ¡Qué temblor en Génova! ¡Qué agónica estampa entre cera y noche por columnas sacras! De nuevo la vuelta. Arenal de barcas que tiemblan al paso de Dios que naufraga. Hace frío y sombras sobre las barandas al cruzar despacio el puente Triana. ¡Cómo mece el río la muerte que avanza, y la vida que se duerme en el agua! Calle de San Jorge frente a la Esperanza que llora en Pureza su cera quemada. ¡Virgen de la O, qué cruz más amarga cuando pasa el Hijo por la madrugada y un hilo de luna muere en su mirada! Y poquito a poco, cuando lo levantan costaleros buenos con amor y casta, el Cachorro sigue y sigue con ansias porque todavía, para la alborada de un cielo más alto, mi corazón falta. ¡Ay, Cachorro mío, quién resucitara a los versos niños de una vida en gracia! Y al mirar tus ojos con limpia mirada, entre una saeta y un dolor sin lágrimas que llega en la brisa del Charco la Pava, sentir que la Vida florece en Triana y gritar por dentro y en calles y en plazas ¡que el Cachorro vivo ha vuelto a mi alma!