VIERNES SANTO 2020

 

Queridos Hermanos:

En estos días previos, en los que vamos a vivir  una Semana Santa muy distinta a la que estamos acostumbrados, mis primeras palabras sólo pueden  ser de ánimo y afecto a cada uno de vosotros y vuestras familias.

La situación de nuestro país, como nos han  manifestado  las autoridades, Alcalde, Arzobispo y Presidente del Consejo de Hermandades requiere el esfuerzo y sacrificio de todos para evitar la propagación del coronavirus, y entre esos esfuerzos y sacrificios nos toca este año suspender nuestra Estación de Penitencia a la Santa y Metropolitana Catedral; pero eso no significa que no vivamos esta Semana Santa que tenemos a las puertas como verdaderos cristianos, y profundizar en el misterio de la Pasión, Muerte y  Resurrección de Nuestro Señor, que para nosotros tiene el rostro del Santísimo Cristo de la Expiración y  el de Su Bendita Madre, Nuestra Madre y Señora del Patrocinio.

Durante la Semana Santa, la Iglesia celebra los misterios de la salvación realizados por Cristo en los últimos días de su vida, comenzando por su entrada mesiánica en Jerusalén. Así, la Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, que es anuncio de su Pasión y presagio del triunfo real de Cristo.

Sin embargo, el tiempo de Cuaresma llega hasta el Jueves Santo por la mañana. A partir de la misa vespertina “en la cena del Señor” comienza el Triduo Pascual, que continúa durante el Viernes de la Pasión del Señor y el Sábado Santo, y tiene su centro en la Vigilia Pascual, acabando con las vísperas del Domingo de Resurrección.

En este Triduo Pascual, llamado también el “Triduo del crucificado, sepultado y resucitado”, la Iglesia celebra cada año los grandes misterios de la redención de los hombres. En la celebración de este Triduo se hace presente y se realiza el misterio de la Pascua, es decir, el transito del Señor de este mundo al Padre.

Con la misa que tiene lugar en las horas vespertinas del Jueves Santo, comienza este Triduo y se “evoca aquella última cena, en la cual el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, y los entregó a los apóstoles para que los sumieran, mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio también los ofreciesen” (Ceremoniale episcoporum, nº297). Nuestro espíritu está llamado a contemplar en esta misa los misterios que en ella se recuerdan y actualizan: la Institución de la Eucaristía, del Orden Sacerdotal y el mandamiento de la Caridad fraterna.

El Viernes Santo es el día en que “ha sido inmolada nuestra victima pascual: Cristo” (1Cor 5,7). La Iglesia, meditando sobre la Pasión de su Señor y Esposo, y adorando la cruz, conmemora su nacimiento del costado de Cristo dormido en la cruz, y ruega e intercede por la salvación de todo el mundo. La acción litúrgica del Viernes Santo llega a su momento culminante en la lectura del relato de la Pasión según San Juan de aquel que, como el Siervo del Señor anunciado en el Libro de Isaías, se ha convertido realmente en el único sacerdote al ofrecerse a sí mismo al Padre por la salvación del hombre.

Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando sobre su pasión y muerte, su descenso a los infiernos, y esperando, en la oración y el ayuno, su resurrección.

Todo culmina en el Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor.

Según una antiquísima tradición, celebramos una noche de vela en honor del Señor, la Vigilia Pascual, en la que conmemoramos la noche santa en la que el señor resucitó. Esta Vigilia es la figura de la Pascua autentica de Cristo, de la noche de la verdadera liberación, en la cual, “rota las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo” (Pregón Pascual). Durante esta Vigilia, la Iglesia espera la Resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana (bautismo y confirmación). Esta vigilia es también la espera de la segunda venida del Señor.

Esta celebración de la Pascua se continúa durante el Tiempo Pascual, los cincuenta días que van desde el Domingo de Resurrección al Domingo de Pentecostés. Estos días se celebran con alegría, como un solo día festivo, más aún, como “un gran domingo” (Nualc,nº22).

Termino con un resumen de todo lo dicho, que se puede encontrar en la Sacrosanctum Concilium y el Ceremonial de los Obispos:

          “Esta obra de la Redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, prefigurada antes por las maravillas que Dios obra en el pueblo de la Antigua Alianza, Cristo, el Señor, la realizó principalmente por el Misterio Pascual de su bienaventurada Pasión, Resurrección de entre los muertos y gloriosa Ascensión. Por este misterio, muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró nuestra vida. Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera” (SC,5).

          “La Iglesia, (en el Viernes Santo) meditando sobre la Pasión de su Señor y Esposo y adorando la Cruz, conmemora su propio nacimiento y su misión de extender a toda la humanidad sus grandes efectos, que hoy celebra, dando gracias por tan inefable don, e intercede por la salvación de todo el mundo” (CO,nº312)

Van a ser días duros, muy duros para nosotros los cofrades. Debemos de tener presentes a todas aquellas personas que se nos han ido ante la presencia del Padre, y muy especialmente a todos los enfermos que aún a día de hoy están sufriendo esta enfermedad infectados por la  pandemia que nos ha invadido.

Especialmente dura será la TARDE DE VIERNES SANTO, en la que os invito a que todos hagamos nuestra Estación de Penitencia desde casa con nuestras familias;todos los Hermanos unidos por medio de la Comunión de los Santos, y que todos al unísono, a las 16.00 horas, la iniciemos de la siguiente forma:

 

1.- Comenzaremos con el rezo del Padre Nuestro y encomendando esta Estación de Penitencia por todos nuestros hermanos, por toda nuestra sociedad y muy especialmente por todos los enfermos.

2.- Seguidamente leeremos del Evangelio de San Marcos (15,23-39) El Momento de la Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

 

La crucifixión de Jesús

22Mt. 27. 34-38 Lc. 23. 33b-34 Jn. 19. 18-24

23 Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó. 24 Después lo crucificaron. Los soldados se repartieron sus vestiduras, sorteándolas para ver qué le tocaba a cada uno. 25 Ya mediaba la mañana cuando lo crucificaron. 26 La inscripción que indicaba la causa de su condena decía: «El rey de los judíos». 27 Con él crucificaron a dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda. 28 .

Injurias a Jesús crucificado

28Mt. 27. 39-44 Lc. 23. 35-37, 39

29 Los que pasaban lo insultaban, movían la cabeza y decían: «¡Eh, tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, 30 sálvate a ti mismo y baja de la cruz!». 31 De la misma manera, los sumos sacerdotes y los escribas se burlaban y decían entre sí: «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! 32 Es el Mesías, el rey de Israel, ¡que baje ahora de la cruz, para que veamos y creamos!». También lo insultaban los que habían sido crucificados con él.

La muerte de Jesús

32Mt. 27. 45-54 Lc. 23. 44-47 Jn. 19. 29-30

33 Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde; 34 y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: «Eloi, Eloi, lamá sabactani», que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». 35 Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: «Está llamando a Elías». 36 Uno corrió a mojar una esponja en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber, diciendo: «Vamos a ver si Elías viene a bajarlo». 37 Entonces Jesús, dando un gran grito, expiró.

38 El velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. 39 Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó: «¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!».

 

3.- Rezaremos la Salve a Nuestra Madre y Señora del Patrocinio.

4.- Para finalizar rezaremos un Padre Nuestro por todos nuestros Hermanos difuntos y por todos aquellos fallecidos a consecuencia de esta pandemia que sufrimos.

 

Sin más me despido de todos vosotros, elevando oraciones al Stmo. Cristo de la Expiración y a Ntra. Madre y Señora del Patrocino para que os protejan y den salud tan necesaria estos días.

Recibid un abrazo en Cristo en nombre de nuestro Director Espiritual y Junta de Gobierno,  de vuestro Hermano Mayor.

 

                    Marco A. Talavera Blanco

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